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Literatura, Historia y Cine en Iron Maiden. 1ª Parte. Influencias literarias

1. INTRODUCCIÓN
La música siempre ha acompañado al ser humano desde sus primeros estadios como parte indispensable en el desarrollo de las culturas. Antes de la posibilidad (o capacidad) de expresarse por medio de una pintura (o quizá a la par) y, por supuesto, mucho antes de la invención de la escritura, el hombre primitivo descubrió que tenía a su disposición una serie de herramientas muy sencillas con las que podía expresar júbilo o tristeza según la situación así lo requiriera: desde la simple utilización de las cuerdas vocales, hasta el empleo de palos u otros objetos para hacer percusión.

Y es que, llevado a la mínima expresión, la música no es más que ruido. Una sucesión de ruidos producidos con más o menos criterio que provocan cierto placer al ser escuchados y que, en mi opinión personal, nos enraízan con nuestros instintos más arcaicos y primarios. Por lo tanto (y a lo largo de toda esta investigación) debemos evitar asociar con la palabra “ruido” todo aquello que nos recuerde al malestar, lo molesto o cualquier cosa que nos produzca fatiga. La música primigenia es ruido; la ópera es ruido; Mozart es, probablemente, uno de los tipos de ruido más exquisitos que podemos llegar a percibir. Y así con cualquier tipo de música, nos guste más o nos guste menos.

Y es puro ruido lo que vamos a tratar en estas páginas, pero no trataremos de hacer un estudio de la evolución del ruido desde el primer cromañón hasta el último éxito que se haya lanzado recientemente en las radio-fórmulas, o las sensaciones que estas nos puedan transmitir. De hecho, el objeto de estudio primará el mensaje por encima de la armonía; y en la historia contemporánea existe un tipo de ruido que, a menudo, ha sido discriminado y tachado de “arcaico”, “primitivo”, “molesto” e, incluso, “maligno”, aunque esas acepciones no nos resulten peyorativas según a quién le preguntemos. Este ruido del que hablamos es el Heavy Metal que, como su nombre indica, suena como un “gran yunque pesado de metal cayendo desde gran altura”. Odiado por unos y amado por otros tantos, no es una música que distinga de términos medios, tal y como dijo Rob Zombie en el documental Headbanger’s Journey (Dunn, McFadyen, Wise, 2005): “no conozco a nadie que diga: “oh, sí, hubo un verano en el que escuchaba mucho a Slayer…” ¡No! Generalmente, quien escucha a Slayer lo hace de por vida, llegando a tatuárselos en el brazo a fuego”. Es, por lo tanto, una música auténtica para gente auténtica: o te gusta o no te gusta.

Pero, ¿qué tendría que ver un género agresivo, para inconformistas, con la literatura o el estudio en general? Eso es lo que vamos a tratar de desgranar aquí y, para ello, sólo nos vamos a centrar en una banda de éste género; probablemente una de las bandas más grandes dentro del movimiento (si no la más grande) con una amplia carrera y millones de álbumes vendidos en todo el mundo, así como una de las más premiadas y aclamadas: Iron Maiden. Sin embargo, antes de profundizar en esta banda, es preciso echar la vista atrás para centrarse brevemente en los orígenes del género y la situación sociocultural en la que se gestó, pues la temática de las letras del Heavy Metal quedará marcada por este periodo determinantes.

 

1.2. TÚ A LONDRES Y YO A CALIFORNIA
Que los años sesenta representaron un cambio en el mundo occidental y una transición del ambiente de posguerra hacia la sociedad moderna no es ningún secreto; pero, naturalmente, no fue igual en todas partes. En Estados Unidos la vida era más relajada y apenas sufrían por las secuelas de la guerra, al menos, en cuanto a bienes materiales se refiere. Las clases trabajadoras comenzaban a disfrutar de cierta estabilidad y, poco a poco, la sociedad de la clase media comenzaba a destacar: casi todo el mundo tenía las mismas oportunidades y podía permitirse una buena casa, un buen coche, una buena educación y una cobertura sanitaria adecuada (cójanse con pinzas estas últimas afirmaciones).

En medio de este cambio, además, surgió una masa juvenil de clase burguesa o, cuando menos, acomodada, que se rebeló contra el sistema, especialmente contra las políticas exteriores del gobierno de los Estados Unidos. La Guerra de Vietnam, probablemente una de las más infames para los propios norteamericanos, había estallado unos años antes (1955) provocando la interrupción de los sueños de muchos jóvenes que se verían obligados a servir a su país. Por vez primera en la historia del país, la oposición al belicismo fue bastante contundente y surgió lo que conocemos hoy en día como el movimiento hippie: manifestaciones, marchas, sentadas, desobediencia civil, protestas, etc. Tuvieron lugar en todo el mundo en el primer tercio de los años sesenta, pero tuvieron especial repercusión en la “tierra de las oportunidades”. De pronto, las calles de Los Ángeles o San Francisco e, incluso, Washington, tres ciudades clave, se llenaron de jóvenes libres, de pelo alborotado y vestimentas “poco ordinarias” clamando en nombre de la paz y el amor libre. La música de los Beatles, los Who, los Rolling Stones o Jimi Hendrix, entre otros, parecía ser la banda sonora ideal para esta juventud que sólo pedía disfrutar en libertad de su vida y, valga la redundancia, su juventud. Así pues, desde temprana edad, este nuevo Rock que se comenzaba a distanciar del Rock and Roll de los años cincuenta ya comenzó a estar en el punto de mira por parte de los sectores estadounidenses más conservadores: rebelde, agitador, libertino… no era bienvenido.

El apogeo de este movimiento de paz y amor tuvo lugar en Nueva York, concretamente en Bethel, Sullivan County, con la celebración del festival de Woodstock en 1969. Pese a la ausencia de grandes nombres como Bob Dylan, los Beatles o Led Zeppelin, el festival fue todo un éxito, llegando a tener una asistencia de unas 400.000 personas (500.000 según algunos testigos). De modo que, contemplando este panorama, es fácil intuir que las letras de estos grupos, al menos en este momento, tratasen de libertad, de paz, fraternidad, misticismo, drogas, sexo… Toda una temática clásica en el viejo Rock and Roll. Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que el movimiento hippie es uno de los padres del Heavy Metal, pero no sería el único y, probablemente, tampoco sería el más importante.

En Reino Unido la situación era bien distinta. La paz y el amor libre no parecían tener hueco en un país ensombrecido y en ruinas tras el desgaste de la II Guerra Mundial. Los británicos aún se reponían de los golpes y su economía poco a poco comenzaba a mejorar. La gran diferencia respecto a California es que, en el caso de Reino Unido, hubo que construir un país de nuevo. Esto, naturalmente, no pasó desapercibido para los jóvenes músicos que comenzaban a formar sus bandas de Blues, Jazz o Rock. En el caso de Reino Unido no hablamos de “niños de papá” luchando por la libertad y eludir el servicio militar, muchas veces eran muchachos que vivían por debajo del umbral de la pobreza y para los que la música, o un poco de alcohol y drogas, eran la ventana de escape de un mundo decadente al que se veían forzados a formar parte, aunque no quisieran.

Los años setenta estaban a la vuelta de la esquina y bandas como Led Zeppelin, los Kinks o Deep Purple elaboraban una música más profunda, de temática más “real”. Una suerte de costumbrismo reflejado en las letras sobre lo que era la vida cotidiana, sencilla y decadente en aquella época en Inglaterra. Pero, al mismo tiempo, también eran recurrentes las temáticas que invitaran a la ensoñación, la fantasía y, en general, cualquier cosa que les hiciera olvidar el mundo en el que vivían. Probablemente, de todas las bandas surgidas en aquel momento, la que dio un paso significativo fue Black Sabbath. A ese aire marginal, inconformista y de ensoñación, le añadieron uno de los aspectos más representativos del género que ellos mismos establecieron: el ocultismo. De pronto, con Black Sabbath se pasó de hablar de pobreza, bajos recursos o sexo y drogas, a hablar de demonios, oscuridad, de Dios y del diablo. Por ende, no es de extrañar que una de las principales influencias literarias de este Metal temprano fuese la propia Biblia, bien para atacarla o, simplemente, como aderezo del mensaje que se pretendía transmitir. Tampoco serían ajenos a estos inicios los relatos clásicos de Grecia o Roma, pero quizá no tan recurrentes. En el caso de Black Sabbath, hubo una fusión entre esa temática propia del Rock sobre juergas y rupturas sentimentales y temas más profundos. Sin ir más lejos, el tema homónimo de su primer álbum, Black Sabbath, trata sobre unas pesadillas que tuvo el bajista, Geezer Butler, tras sumergirse bastante dentro del ocultismo y practicar varios rituales de magia negra en su propio apartamento.

Como vemos, las influencias literarias fueron in crescendo dentro del Rock y, llegados a este punto, ya podemos hablar de Heavy Metal. El terreno que allanaron bandas como Led Zeppelin o Deep Purple lo aprovecharía Black Sabbath, quienes lo refinarían y perfeccionarían. No obstante, esta “obsesión con el demonio” no hizo más que recrudecer las relaciones con el conservadurismo; si bien los límites son difusos dependiendo de a quién preguntemos, hablar de sexo y drogas es una cosa, pero hablar de satanismo es otra bien distinta y, a mediados de los ochenta, el Heavy Metal comenzaría a recibir sus primeros “ataques organizados” por parte de estos sectores que buscarían limitarlo y censurarlo. Pero, aún en los setenta, el Heavy Metal iba a tener frente sí un enemigo más preocupante que una “masa conservadora enfurecida”: el Punk pisaba fuerte en Reino Unido y, de repente, todo lo Heavy parecía estar pasado de moda.

Al contrario de la oferta que el Heavy Metal ofrecía, el Punk presentaba un sonido mucho más rudimentario, heredero del llamado Garage Rock de los sesenta, con un claro contenido social y político en sus letras. Su objetivo era “armar ruido” y dar de qué hablar, siempre cargados con un profundo mensaje anti-sistema. Podría decirse que, en el caso del Punk, la calidad musical o compositiva de sus intérpretes era algo secundario y, muchas veces, brillaba por su ausencia. No obstante, el movimiento se asentó y se hizo rápidamente con una horda de jóvenes seguidores que, más que demandar cambios reales en su sociedad, buscaban el alboroto y el dar de qué hablar. Sin embargo, el Heavy Metal no había muerto, ni mucho menos; simplemente, la atención mediática que poseía ya no estaba interesada en seguir mostrando interés en agrupaciones que parecían estar empezando a perder el norte: en Led Zeppelin comenzaba a haber conflictos internos; Kiss, directamente, se subió al tren del capitalismo y exprimió hasta el último centavo de su nombre con toda clase de merchandising… Y así, sucedía con casi cualquier banda, fuera cual fuere. El precio de la fama empezaba a pasar factura a un joven género que parecía tener las horas contadas, pero, nada más lejos de la realidad.

En mitad de este júbilo por la ola del Punk fueron bastantes las nuevas bandas de Heavy Metal que se formaron, especialmente en Gran Bretaña, en lo que se conoció como la New Wave of British Heavy Metal (Nueva ola del Heavy Metal británico): Angel Witch, Def Leppard, Diamond Head, Girlschool, Iron Maiden, Saxon, entre otras muchas otras bandas, comenzaban a dar sus primeros pasos a pesar de no contar con cobertura mediática (al menos los primeros años). A su vez, otras bandas británicas como Judas Priest o Motörhead, con más experiencia, lograron dar un impulso a sus carreras gracias a esta nueva “fiebre” del Heavy Metal que se estaba viviendo en las islas británicas.

La aparición de esta nueva ola fue muy significativa a medio y largo plazo, pues no sólo sirvió de inspiración para futuras bandas y subgéneros (por ejemplo, Metallica, Megadeth, Anthrax, Slayer y cualquier banda de Thrash Metal de los ochenta), sino que asentó, ya de forma definitiva, al Heavy Metal (hasta nuestros días) y terminó de definir tanto el estilo como el sonido: pantalones ajustados, colores oscuros, cabello largo, cuero, tachuelas, motocicletas de alta cilindrada, etc. Todo ello gracias, en buena parte, a Rob Halford, cantante de Judas Priest, quien tomó prestadas ciertas indumentarias del mundo gay y prendas del sadomasoquismo para implementarlas a la imagen de su banda. De este modo, el Heavy Metal se despegaba del estilo hippie que lo caracterizó en sus primerísimos inicios.

A la vez que el estilo evolucionaba en cuanto a sonido y presencia se refiere, las letras también parecían abarcar más campos, y no por casualidad: los muchachos que formaban parte de esta ola ya no eran tanto de la generación de la posguerra sino más de una fase intermedia. La mayoría de ellos tuvo acceso a una educación de cierta calidad e, incluso, algunos de ellos tuvieron la posibilidad de enriquecer aún más sus estudios. No es el caso de las primeras bandas, las cuales eran más humildes (Ozzy Osbourne de Black Sabbath ni siquiera sabía leer ni escribir). De modo que, la cultura general fue entrando poco a poco en la temática de estos grupos, alimentando la inspiración, la imaginación y la fantasía. Ejemplo de ello lo encontramos en los primeros temas de Iron Maiden con canciones como Phantom of the Opera (El fantasma de la ópera, obra de Gaston Leroux); Murders in the Rue Morgue (Los crímenes de la calle Morgue, relato de Edgar Allan Poe), Purgatory (Purgatorio, escenario bíblico representado de forma literaria por figuras como Dante), entre otras. El enriquecimiento cultural, especialmente centrados en Iron Maiden, iría creciendo exponencialmente conforme fueron madurando tanto su sonido como ellos mismos. En los dos primeros discos aún era frecuente la temática juvenil de juergas, mujeres y rebeldía (por los que se les llegó a tomar por punks) pero, en discos venideros, la literatura, el cine, la historia y la fantasía fueron abriéndose paso.

 

1.3. Y ¿EN ESPAÑA?
Poco podemos decir sobre los primeros coletazos del Rock en nuestro país salvo que, sí, hubo y, no, no fue de carácter reaccionario o antisistema (no se lo podían permitir). Hasta Marisol tocó algún “rocanrol” en alguna de sus películas (Marisol rumbo a Río, Fernando Palacios, 1963), y ella no era, precisamente, la imagen de la revolución contra el sistema en aquel entonces. Es por ello que el régimen de Franco nunca se interesó por esta música ni la persiguió, pues llegó a la Península de manera descafeinada y más acorde con los tiempos. En el plano social, España compartía mucho del contexto histórico por el que, en Reino Unido, se podría forjar un joven y furioso músico; pero la diferencia es que allí se vivía bajo una democracia bien asentada y cimentada, mientras que aquí asistíamos casi al final de la primera fase de una larga dictadura que habría de durar un par de décadas más.

Sin embargo, en los años sucesivos de la dictadura, la economía comenzaría a despegar y surgiría una nueva clase media mayoritaria que gozaba de cierta estabilidad. De modo que, entre el acomodamiento de las clases trabajadoras y la mirada de reojo del régimen, el Rock fue más un pasatiempo que verdadera rebeldía. Artistas como Elvis, al principio, y los Beatles después, eran la forma de rock internacional más escuchada en el momento, cuya respuesta nacional fueron artistas como Los Estudiantes, el Dúo Dinámico o Mike Ríos (más conocido actualmente como Miguel Ríos) durante los años cincuenta y sesenta. Naturalmente, estos no fueron los únicos referentes nacionales, pues hubo infinidad de agrupaciones, especialmente tras el “efecto Beatle”.

Pero lo interesante llega tras el fin de la dictadura. Más allá de influencias literarias o cinematográficas, el tema por antonomasia no sólo en el Rock, sino en cualquier tipo de música (especialmente entre los cantautores), es la libertad. El deseo de expresarse sin ningún tipo de censura ni problema marcará el final de los años setenta y, especialmente, los ochenta. La represión de la dictadura dejó paso a un ambiente que cada vez era más abierto: eran tiempos de “renacer”, de incertidumbre y de deseo de progreso. Bandas de heavy tradicional como Barón Rojo, Obús o el rock andaluz de Medina Azahara, encabezaban una nueva escena dentro del rock nacional que creó escuela y que, como hicieran las bandas de “proto metal” americanas de los sesenta, demandaban a la democracia naciente la libertad de expresarse y de disfrutar de la juventud.

Por ello, y como casi siempre ha sucedido en la historia contemporánea de España en todos los ámbitos, el rock español ha ido un paso por detrás del panorama internacional. Cuando las temáticas de libertad y expresión ya eran agua pasada en Europa y Norteamérica (dejando paso al misticismo y las historias épicas), en España se estaba empezando a vivir después de casi cuarenta años. Esta situación también sería aplicable al heavy metal producido en países latinoamericanos, especialmente en Brasil, cuyas ansias de libertad deberían esperar aún un tiempo (hacia los años ochenta) para poder explotar esa vía.

Y es que, si bien tiene poco que ver con España, Brasil es un claro ejemplo de liberación sociopolítica a través del heavy metal. Por azar del destino, los restos dictatoriales del país sudamericano (que dieron comienzo en 1964) se terminaron de desmantelar en 1985 con la primera victoria electoral civil en décadas. Coincidiendo con ello, las grandes bandas del ya bien asentado heavy metal comenzaban a “colonizar” los países latinoamericanos. Bandas como Scorpions, Iron Maiden, Queen, AC/DC o Whitesnake ya estaban de vuelta en el panorama europeo y norteamericano; pero en Sudamérica aún estaban por asentarse. Gracias al festival Rock in Rio de 1985 estas bandas tuvieron la oportunidad de presentarse ante su recién liberado público, convirtiéndose en la banda sonora de un cambio de tiempos. En palabras de Kiko Loureiro, de la banda brasileña Angra: “Todo aquello (el festival Rock in Rio) fue muy liberador, no quiero decir que el metal viniera a Brasil a liberarnos, pero al mismo tiempo era una libertad que ansiábamos” (Global Metal, 2009).

En España esto fue mucho más despacio. Brasil supo absorber el género y “engancharse” rápidamente al vagón de los derroteros que el género estaba tomando en cuanto a estilo y temáticas, pero en España las temáticas de fiestas, rebelión y libertad se mantuvieron durante muchísimo más tiempo (y para algunas bandas sigue siendo su sello temático de identidad). Esta temática que, a día de hoy, quizá esté algo manida es lo que ha ensalzado o condenado a las bandas de la península: una gran parte de los metaleros españoles no escucha casi nada que se haya hecho en su propio país acostumbrados al metal europeo que siempre va un paso por delante. Sin embargo, cabe destacar que, a finales de los noventa comenzaron a surgir bandas que sí han parecido entender que es urgente una evolución en la temática y la apariencia si se quiere triunfar más allá de España y Latinoamérica. Entre estas bandas destacamos a los primeros Mägo de Oz, Saurom, Dark Moor y Angelus Apátrida (estos últimos gozan de gran popularidad en toda Europa).

Dichas bandas (a excepción, tal vez, de Angelus Apátrida) aportaron gran novedad temática basándose en el rico patrimonio literario de la lengua castellana y la historia de España. Así pues, tenemos como ejemplo el álbum Once romances desde Al-Andalus (2008) de Saurom, donde se hace un repaso histórico literario de las tierras andaluzas: temas como El monte de las ánimas (basado en el poema de Bécquer) o el Romance de la Luna, Luna (basada en el poema de Lorca) auparon a la banda gaditana al panorama nacional, llegándose a asentar en él de forma permanente.

2. HABLEMOS DE LETRAS
Como hemos visto, el mundo lírico dentro del Rock y, especialmente, el Heavy Metal puede ser muy rico, pero suele abarcar aquello que otros prefieren obviar, olvidar o ignorar. Es común que en la música popular se resalten los aspectos más “inofensivos” del ser humano y la sociedad como el amor o el desamor, la diversión o el disfrute de la vida, etc. E, incluso, si esos temas fueran abarcados con mayor profundidad emocional poseerían más valor compositivo… pero no suele ser así. La industria persigue la sencillez mediante unas letras repetitivas y superfluas, así como una estructura musical pegadiza y continua en la búsqueda de una especie de “comida rápida” musical: no importan los matices ni la calidad, si tiene un sabor aceptable y a buen precio, la gente lo consumirá. Si bien es cierto que, por ejemplo, cualquiera podría contemplar un cuadro, no todo el mundo puede o sabe hablar de arte; y en la música se da el caso especial en el que cualquiera puede hablar de ella, sepa más o menos, y establecer su selección en base a los gustos personales (dado el gran arraigo que ésta tiene a la misma especie humana). Sin embargo, la industria no podría hacer una selección del arte que “debe ser” o “debe llevarse entre las masas” como sí lo hace con la música… Y eso la hace muy vulnerable de ser casi maltratada en favor de la venta y el consumo.

Pero hablar de la situación del sector no es lo que nos atañe aquí, sino destacar qué diferencia al Heavy Metal de otros géneros musicales a partir de la temática de sus letras. Para ello, nos centraremos en las letras de la banda británica Iron Maiden; la cual, a mi parecer, posee un corpus bastante rico de temas variopintos a pesar de que, generalmente, las inspiraciones de estas letras vienen de tres puntos principales: literatura, cine e historia. Steve Harris, bajista, líder y principal compositor de Iron Maiden, siempre (o casi siempre) ha tenido estos tres puntos en cuenta a la hora de crear las letras para los discos de la “doncella”. Así mismo, sus compañeros de banda también dejan destellos de estas inspiraciones a la hora de escribir. Por ello, trataremos de abarcar los tres puntos con un par de ejemplos en cada uno y desgranaremos un poco los significados de las letras seleccionadas. Naturalmente, se podría hacer un análisis más exhaustivo debido al gran corpus de canciones que la banda posee, pero la extensión de ese estudio sería demasiado larga. Por ello, ha sido necesaria esta pequeña selección aun dejando otras notables obras por el camino que mencionaremos muy brevemente al final.

2.1. INFLUENCIAS LITERARIAS
El primer punto que destacaremos será la inspiración en la literatura, trayendo dos ejemplos muy jugosos e interesantes a mi parecer. Por un lado, hablaremos de la leyenda de Ícaro y, en segundo lugar, nos iremos al Londres pre-victoriano para hablar de uno de los poemas más populares de Samuel Taylor Coleridge.

2.1.1. ÍCARO NO VOLÓ SOLO.
Todo el mundo conoce, en mayor o menor medida, algo del amplio mundo mitológico de la Antigua Roma y Grecia. De entre todos esos relatos fantásticos sobre las andaduras de los dioses y héroes que vivieron entre los humanos vamos a destacar el mito de Ícaro. Toda la historia que envuelve a su personaje es, en sí, de gran extensión, pero lo que necesitamos saber del mito para desgranar la canción de Iron Maiden es que, Ícaro, fue hijo de Dédalo, el cual tuvo que abandonar la ciudad de Atenas tras ser acusado de haber matado a su sobrino Pérdix. Por ello, Dédalo se exilió a la isla de Creta y pidió al rey de esta isla, Minos, que lo acogiese.

El rey Minos encargó a su nuevo sirviente la construcción de un laberinto, donde encerraría al Minotauro, una criatura mitad hombre mitad toro nacida fruto de las andanzas amorosas de la reina con el toro blanco de Creta, creado por el mismísimo dios Poseidón. Allí se confinó a la criatura y, cada año, era alimentada con seis jóvenes y seis doncellas. En una de esas ocasiones, la “suerte” de alimentar al toro recayó en el joven Teseo, quien tenía la intención de acabar con él de una vez por todas. Ariadna, hija del rey y enamorada de Teseo, pidió a Dédalo que ayudara al muchacho a sobrevivir ante la bestia. De este modo, Dédalo le proporcionó un ovillo de hilo que Teseo debía atar al principio del laberinto para así hallar la salida.

Todo salió según lo esperado y el joven Teseo, además de dar muerte a la bestia, huyó junto a Ariadna. Esto provocó la furia del rey que, como castigo, encerró a Dédalo y al joven Ícaro dentro del laberinto. La solución que Dédalo encontró para huir de allí fue la construcción de unas alas de cera que imitasen a la de los pájaros. La idea funcionó y, tanto padre como hijo, lograron salir volando del laberinto del minotauro. Dédalo advirtió a su hijo de que, si se acercaba demasiado al sol, las alas se derretirían y se precipitaría al vacío. Sin embargo, el entusiasmo del joven Ícaro iba más allá de la sensatez y ascendió más y más. Tal y como su padre le dijo, las alas se derritieron provocando la caída al mar del muchacho y su muerte.

La moraleja que encierra esta historia, o lo que pretende dar a ver no es otra cosa que la, llamémosla, “ira juvenil” frente a la sapiencia y experiencia de la vejez. Ícaro, ingenuo y ambicioso, rebelde y de sangre hirviente, no hizo caso de los consejos de su padre, lo cual lo llevó a su propia muerte. No obstante, en la versión de la canción de Iron Maiden, Flight of Icarus (Bruce Dickinson/Adrian Smith) del disco Piece of Mind (EMI Records, 1983), la historia parece ser contada desde otra perspectiva, siendo la ambición de Dédalo el causante de la muerte de su propio hijo. A continuación, mostraremos la letra de la canción para un mejor análisis:

As the sun breaks, above the ground,
An old man stands on the hill,
As the ground warms, to the first rays of light
A birdsong shatters the still.

His eyes are ablaze,
See the madman in his gaze.

Fly, on your way, like an eagle,
Fly as high as the sun,
On your way, like an eagle,
Fly and touch the sun.

Now the crowd breaks and a young boy appears
Looks the old man in the eye
As he spreads his wings and shouts at the crowd
In the name of God my father I fly.

His eyes seem so glazed
As he flies on the wings of a dream,
Now he knows his father betrayed
Now his wings turn to ashes to ashes his grave.

Fly, on your way, like an eagle,
Fly as high as the sun,

On your way, like an eagle,
Fly as high as the sun.

Y, a continuación, pondremos la traducción al español hecha por Paula Serraller (Iron Maiden, canciones I, 2001, p. 84):

Al despuntar el sol, sobre el suelo,
Un viejo se yergue en la colina,
Al calentarse el suelo, con los primeros rayos de luz
El canto de un pájaro rompe la quietud.
Sus ojos resplandecen,
Observa el loco en su mirada.
Vuela, sigue tu camino, como un águila,
Vuela tan alto como el sol,
Sigue tu camino, como un águila,
Vuela y toca el sol.
Ahora se abre la multitud y aparece un niño
Mira al viejo a los ojos
Mientras despliega sus alas y grita a la multitud
En el nombre de Dios, mi padre, vuelo.
Sus ojos parecen tan vidriosos
Mientras vuela sobre las alas de un sueño,
Ahora sabe que su padre traicionó
Ahora sus alas se convierten en cenizas en cenizas su
tumba.
Vuela, sigue tu camino, como un águila,
Vuela tan alto como el sol,
Sigue tu camino, como un águila,
Vuela y toca el sol.

Como podemos observar, el relato clásico es transformado y su perspectiva ahora se centra en Dédalo, el hombre viejo quien, en un brote de locura, incita al muchacho a que toque el sol con sus propios dedos. El destino de Ícaro, sin embargo, es igual de fatal que en el relato original, pues el acto de ascender hacia el sol se convierte en su propio final.

No sería de extrañar que esta letra fuera un reflejo de la personalidad del carismático cantante de Iron Maiden, Bruce Dickinson, la cual podemos conocer algo mejor gracias a multitud de entrevistas realizadas a lo largo de su carrera, pero, especialmente, por su libro autobiográfico ¿Para qué sirve este botón? (Cúpula, 2018). Gracias a esta autobiografía conocemos a un Bruce Dickinson pícaro, perspicaz, inteligente, con habilidad para meterse en problemas (al menos en su juventud) y bastante enemigo de las normas y las órdenes. Por lo tanto, no sería nada raro que, para esta letra, Bruce se posicionara en favor del joven Ícaro, a quienes todos acusan de ser un joven alocado sin raciocinio ni madurez, hecho que lo llevó a la tumba, y pusiera su dedo señalando a Dédalo, la supuesta voz de la razón y autoridad que, por muy maduro y adulto que fuese, cometió la “pueril” equivocación de hacer que su hijo alzase el vuelo a pesar de su inexperiencia y juventud. Un error de cálculo que marcó a Ícaro de por vida como el imprudente y desafiante de la autoridad, pero que debería haber señalado a Dédalo como un irresponsable y un loco de igual modo o más.

Así pues, el mensaje que Bruce quería transmitir con este cambio de perspectiva parece bien claro: muchas veces es la propia autoridad y la experiencia la que hace cometer estupideces a la juventud. Bien por orgullo o por el deseo de aprobación, la juventud trata de contentar a la experiencia, aunque en su fuero interno piensen que lo que se les pide no es buena idea y, a veces, las consecuencias de estos actos acaban siendo fatales para la juventud.

2.1.2. NO MOLESTÉIS A LAS AVES.
Continuamos con otro ejemplo que, como el anterior, demuestra que por mucha experiencia y madurez que uno tenga nunca se sabe cuándo se puede cometer un error fatal. Dejamos atrás la Antigüedad y nos dirigiremos al Londres pre-victoriano para conocer a uno de los precursores del romanticismo en Inglaterra: Samuel Taylor Coleridge (1772 – 1834).

Coleridge fue un filósofo y poeta muy popular en el movimiento romántico inglés. Como muchos de sus contemporáneos en su país y en su época, era un habitual consumidor de sustancias estupefacientes como el opio; una sustancia completamente legal en la época y con la que se inspiró para elaborar sus grandes obras como Kubla Khan (1797). Las ensoñaciones que esta droga le producía le llevo a idear otro de sus más famosos poemas, el cual recogeremos aquí y que sirvió de inspiración para la composición de una de las canciones más épicas de Iron Maiden con el mismo nombre: The Rime of the Ancient Mariner (1798).

La Rime of the Ancient Mariner (Steve Harris) de Iron Maiden se trata, ni más ni menos, que de una composición de, aproximadamente, catorce minutos de duración que resume casi a la perfección los puntos más importantes del poema de Coleridge. Todo un homenaje al escritor romántico que cierra el disco Powerslave (EMI, 1984), uno de los más aclamados y queridos por los seguidores de la “doncella”. Y es que la canción es toda una sucesión de cambio de ritmos y atmósferas que acompañan la recitación de la letra, que podría ser un poema por sí mismo inspirada en el viejo marinero. Además, en la parte intermedia de la canción, durante una parte de tranquilidad y silencio, con efectos sonoros del sonido del mar y el movimiento de un viejo navío, Bruce comienza a recitar con voz narrativa y tenebrosa un pasaje concreto del poema.

La historia original que cuenta el poema de Coleridge comienza en una boda, lugar en el que se encuentra el marinero. Éste aborda a uno de los invitados y comienza a narrarle las pesadillas que vivió en alta mar: iba en su navío hacia el norte cuando un temporal los acercó a él y a su tripulación a la Antártida. Allí, pudieron observar el vuelo majestuoso de un albatros, ave de buen augurio para los marineros. De repente, el marinero dispara una flecha contra el ave arrebatándole la vida. La tripulación, temerosa, critica este acto y aguarda el mal augurio que dicho acto les pueda traer. Pero, para sorpresa de todos, la tormenta empieza a amainar y los marineros felicitan a su capitán por haber dado muerte al animal, siendo así cómplices del crimen.

Todo resultó ser una fantasía, pues el temporal volvió a sacudir el navío y la tripulación volvió a culpar al marinero, a quien le colgaron el ave muerta en su cuello como castigo. Entonces, la maldición comenzó y, de repente, la sed empezó a manifestarse en todos los tripulantes quienes no tenían agua dulce para beber. Tras un tiempo a la deriva, la tripulación se cruza de frente con la Muerte y la Muerte en Vida; ánimas que se jugarán la vida de los tripulantes en una partida de dados. La Muerte en Vida gana la partida y llega a un trato con la Muerte: para ella sería la vida de los doscientos hombres que había en el barco, excepto la del marinero, que quedaría “muerto en vida” y castigado a observar cómo su tripulación, uno a uno, iba muriendo. Tras contemplar la escena, el marinero, arrepentido y derrotado, clamó por su perdón. Entonces, el albatros se descolgó del cuello del marinero y la Muerte en Vida decidió salvar su alma con la condición de que, fuese a donde fuese, debía dar a conocer esta historia. Y así lo haría el marinero.

La adaptación lírica para la canción de Iron Maiden, realizada por Steve Harris, fue la siguiente:

Hear the rime of the ancient mariner
See his eye as he stops one of three
Mesmerizes one of the wedding guests
Stay here and listen to the nightmares of the sea

And the music plays on, as the bride passes by
Caught by his spell and the mariner tells his tale

Driven south to the land of the snow and ice
To a place where nobody’s been
Through the snow fog flies on the albatross
Hailed in God’s name, hoping good luck it brings

And the ship sails on, back to the North
Through the fog and ice and the albatross follows on

The mariner kills the bird of good omen
His shipmates cry against what he’s done
But when the fog clears, they justify him
And make themselves a part of the crime

Sailing on and on and north across the sea
Sailing on and on and north ‘til all is calm

The albatross begins with its vengeance
A terrible curse a thirst has begun
His shipmates blame bad luck on the mariner
About his neck, the dead bird is hung

And the curse goes on and on at sea
And the curse goes on and on for them and me

«Day after day, day after day
We stuck nor breath nor motion
As idle as a painted ship upon a painted ocean
Water, water everywhere and
All the boards did shrink
Water, water everywhere nor any drop to drink.»

There calls the mariner
There comes a ship over the line
But how can she sail with no wind in her sails and no
Tide

See, onward she comes
Onward she nears out of the sun
See, she has no crew
She has no life, wait but here’s two

Death and she life in death
They throw their dice for the crew
She wins the mariner and he belongs to her now
Then, crew one by one
They drop down dead, two hundred men

She, she, life in death
She lets him live, her chosen one

«One after one by the star dogged moon
Too quick for groan or sigh
Each turned his face with a ghastly pang
And cursed me with his eye
Four times fifty living men
(And I heard nor sigh nor groan)
With heavy thump, a lifeless lump
They dropped down one by one.»

The curse it lives on in their eyes
The mariner he wished he’d die
Along with the sea creatures
But they lived on, so did he

And by the light of the moon
He prays for their beauty not doom
With heart he blesses them
God’s creatures all of them too

Then the spell starts to break
The albatross falls from his neck
Sinks down like lead into the sea
Then down in falls comes the rain

Hear the groans of the long dead seamen
See them stir and they start to rise
Bodies lifted by good spirits
None of them speak and they’re lifeless in their eyes

And revenge is still sought, penance starts again
Cast into a trance and the nightmare carries on

Now the curse is finally lifted
And the mariner sights his home
Spirits go from the long dead bodies
Form their own light and the mariner’s left alone

And then a boat came sailing towards him
It was a joy he could not believe
The pilot’s boat, his son and the hermit
Penance of life will fall onto him

And the ship it sinks like lead into the sea
And the hermit shrives the mariner of his sins

The mariner’s bound to tell of his story
To tell this tale wherever he goes
To teach God’s word by his own example
That we must love all things that God made

And the wedding guest’s a sad and wiser man
And the tale goes on and on and on.

La traducción que Paula Serraller (p.120 – 125) hace de esta letra es la siguiente:

Oye el cantar del Viejo marino
Mira su ojo mientras para a uno de tres
Hipnotiza a uno de los invitados a la boda
Quédate aquí y escucha las pesadillas de la mar.
Y la música sigue sonando, mientras la novia pasa
por ahí
Cautivada por su hechizo y el marino cuenta su
historia.
Conducidos hacia el sur a la tierra del hielo y la nieve
A un lugar en el que nadie ha estado
A través de la niebla de nieve vuela y vuela el
albatros
Aclamado en nombre de Dios, esperando traiga
buena suerte.
Y el barco navega y navega, de vuelta al Norte
A través de la niebla y el huelo y el albatros les sigue.
El marino mata al pájaro de buen agüero
Sus compañeros lamentan lo que ha hecho
Pero cuando despeja la niebla, le justifican
Y se implican a sí mismos en el crimen.
Navegando y navegando y al norte cruzando la mar
Navegando y navegando y al norte hasta que todo
está en calma.
El albatros comienza con su venganza
Una terrible maldición, la sed ha comenzado
Sus compañeros culpan de la mala suerte al marino
Alrededor de su cuello, cuelgan el pájaro muerto.
Y la maldición persiste y persiste en la mar
Y la maldición persiste y persiste para ellos y para mí.
«Día tras día, día tras día
No topamos ni con aliento ni con movimiento
tan inactivo como un barco pintado sobre un océano
pintado
Agua, agua por todos lados y
todas las tablas se fueron encogiendo
Agua, agua por todos lados ni una gota para beber.»
Allí grita el marino
Allí viene un barco sobre el horizonte
Pero cómo puede navegar sin viento en sus velas y
sin corriente
Mira… hacia adelante viene
Hacia delante se aproxima surgiendo del sol
Mira… no tiene tripulación
No tiene vida, espera, pero aquí hay dos.
La Muerte y ella la Vida en Muerte,
Se juegan la tripulación a los dados
Ella gana al marino y él le pertenece ahora.
Entonces… la tripulación uno a uno
Van cayendo muertos, doscientos hombres
Ella… ella, la Vida en Muerte.
Ella le deja vivir, su elegido.
«Uno tras otro bajo la luna tachonada de estrellas,
demasiado rápido para gemido ni suspiro
cada uno giró su cara bajo un horrible tormento y
me maldijo con la vista
cuatro veces cincuenta hombres vivos
(y no escuché ni gemido ni suspiro)
con un golpe sordo, un bulto sin vida,
fueron cayendo uno a uno.»
La maldición perdura en sus ojos
El marino deseó morir
Junto con las criaturas marinas
Pero ellas siguieron vivas, él también.
Y bajo la luz de la luna
Reza por su belleza no su condena
De corazón las bendice
Criaturas de Dios todas ellas también.
Entonces la maldición comienza a disiparse
El albatros cae de su cuello
Se hunde como el plomo en la mar
Luego a cataratas llega la lluvia.
Oye los gemidos de los marineros muertos tiempo
ha
Mira cómo se agitan y empiezan a levantarse
Los cuerpos impulsados por buenos espíritus
Ninguno de ellos habla y carecen de vida en los ojos
Y aún se busca venganza, la penitencia vuelve a
comenzar
Cautivado en un trance y la pesadilla continúa.
Ahora la maldición es retirada por fin
Y el marino avista su hogar
Los espíritus abandonan los cuerpos muertos tiempo
ha
Forman su propia luz y el marino se queda solo.
Y entonces un barco vino navegando hacia él
Era una alegría que no se podía creer
El barco del práctico, su hijo y el ermitaño,
Penitencia de por vida caerá sobre él.
Y el barco se hunde como el plomo en la mar
Y el ermitaño absuelve al marino de sus pecados.
El marino está obligado a hablar de su historia
A contar esta historia allá a donde vaya
Para enseñar la palabra de Dios por propio ejemplo
Que debemos amar a todas las cosas que Dios creó.
Y el invitado de la boda es un hombre triste y más
sabio
Y la historia continúa y continúa y continúa.

Como vemos, la adaptación de Harris se apoya en la historia original, sin pretender cambiarla o darle otro enfoque. El objetivo es, simplemente, transmitir el poema a los seguidores de la banda y acercarlos al mundo literario de Samuel Taylor Coleridge. Quizá en la sencillez de este gesto sea donde resida su importancia: una obra romántica, de cierta antigüedad en la actualidad de Harris, sirve de inspiración para la composición de un tema que, a su vez, acerca el imaginario del autor original a una nueva juventud que, gracias a la audición de este tema, pueden sentir la curiosidad o el deseo de conocer más sobre Coleridge o algún contemporáneo suyo. Las artes están en constante relación y reinvención, y creo que en ello reside su belleza.

Al tratarse de una obra literaria popular, sus derechos de autor son difusos, lo cual permite a Harris la incorporación de versos originales a la letra, dotándola de mayor valor literario. Por ejemplo, los versos que van desde el 115 al 122: “Day after day, day after day, we stuck nor breath nor motion as idle as a painted ship upon a painted ocean. Water, water everywhere and all the boards did shrink. Water, water everywhere nor any drop to drink”. O los versos del 213 al 220: “One after one by the star dogged moon, too quick for groan or sigh, each turned his face with a ghastly pang and cursed me with his eye. Four times fifty living men (and I heard nor sigh nor groan) with heavy thump, a lifeless lump, the dropped down one by one”.

(Continúa en el siguiente número)

(Las imágenes de la entrada pertenecen a los lápices y pinceles de Kevin West y Santi Casas)

(Versión PDF)Luis Yáñez Torres. Literatura, Historia y Cine en Iron Maiden. 1ª parte. Influencias Literarias

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